Otoño, época de tradiciones própias… y ajenas

¿Os habéis dado cuenta de que cada vez que llega este mes todo nuestro entorno se llena de caramelos, calabazas y fiestas de halloween, con menús própios, disfraces y otras cosas que se supone que lleva la fiesta consigo?

No podemos negar que por aquí gusta más una fiesta, sea de donde sea, que “a un tonto un lápiz”.

Y es que, como he leído por ahí, ¿que hay más español que apuntarse a todas las fiestas del mundo?

Personalmente no tengo nada en contra, ni a favor, siempre recordaré el primer año que llamaron a mi casa diciendo “truco o trato”, no lo pude evitar me reí, me reí y dije “¡si hombre! ¿ahora vamos a celebrar esto?”.

Y es que yo jamás había visto esa fiesta, más que en alguna peli americana, y la verdad no sabía que se celebraba, de hecho me pillaron saliendo de casa para ir a ensayar, tenía unos 15 años y ya estaba unos cuantos en la banda del pueblo.

En ese momento sabía que al día siguiente era fiesta, el día de Todos los Santos, y si, esa noche era la noche de difuntos… pero vamos… nunca la habíamos celebrado mucho.

Pero es que a mi, me habían enseñado las fiestas y tradiciones de mi tierra (que haberlas las hay, y no son pocas para esta época) en el cole y por supuesto, en casa, las tradiciones eran las de aquí y poco o nada se sabía de lo que hacían en el resto del mundo.

¿Será que el mundo no estaba tan globalizado? ¿será que a nuestros padres no les interesaba mucho lo que hicieran otros? ¿o si les importaba se dedicaban a lo suyo y ya está?

La verdad es que no se que sería lo que pasaba hace 28 años (los míos) pero se que sobre todo, desde casa me enseñaron muchas cosas sobre mi cultura (además de repetir muchas veces en el cole ciertas fiestas).

Por eso ahora que soy mamá, he pensado que seré tolerante, que si mi hija quiere ir a la Oktober Fest (de aquí 16 años mínimo, por eso de la mayoría de edad) o ir a alguna fiesta de Halloween y disfrazarse de monstruito para recoger chuches. Bien. Vale.

Pero creo que es necesario que también viva nuestras fiestas.

Por eso este mes, voy a intentar publicar cada lunes una fiesta tradicional de la tierra.

Algo que hiciera cuando era pequeña, algo simplemente nuestro.

Els farolets (los faroles)

Recuerdo que esto no era exactamente un día, era un momento, empezaba a finales de de verano, coincidiendo con el fin de la temporada de melones, cuando los melones ya salían pequeños o muy maduros como para comérlos. A mi me lo preparaba mi abuelo, que todos los años plantaba melones.

Se trataba de vaciar un melón y dibujar algo en la piel con un cuchillo.fer el farolet

Luego a “boqueta nit” (creo que esto en castellano es al atardecer) se ponía dentro un cabo de vela, y el melón, atado con una cuerda era paseado por las niñas y niños, a la vez que se cantaba una canción.

Claro de tanto bailoteo y meneo el melón, solía terminar “espachurrao” contra el suelo.

La canción era esta: EL SERENO

Sereno, mereno
dis-me quina hora és.
La una, les dos,
van a tocar les tres.
 
El sereno ha mort un gos
se l’ha endut a l’hospital,
les xiquetes de costura
se l’han fet en oli i sal.
 
Sereno, mereno
dis-me quina hora és.
La una, les dos,
van a tocar les tres.
 
El sereno i la serena
se n’anaren a pescar
i pescaren una anguila
com els peixos de la mar.
 
Sereno, mereno
dis-me quina hora és.
La una, les dos,
van a tocar les tres
Espero que os haya gustado ¿y en vuestra casa, que tradiciones tenéis?

 

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5 comentarios en “Otoño, época de tradiciones própias… y ajenas

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